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Mitos absurdos sobre la vagina

Publicado el 22 de abril de 2020 en Cuidado íntimo diario

Saba® te informa.

1. No se estira eternamente después del parto

Aunque el tamaño de la vagina varía al tener un bebé, eso no quiere decir que ya no deje de ‘estirarse como un chicle’ para siempre y pierda toda su elasticidad. Dependerá mucho de la duración del parto y del tamaño del recién nacido.

“La vagina es un conducto de estructura muscular capaz de modificarse profundamente durante el embarazo para aumentar su capacidad y permitir el paso del recién nacido, sin excesivas lesiones. A pesar de que, excepcionalmente, hay que realizar la famosa episiotomía para evitar desgarros graves”, explica el experto.

Es cierto que sus características originales nunca llegan a ser las mismas por completo, como tampoco lo son para el útero, el abdomen, las mamas…Sin embargo, el tiempo y el ejercicio físico —incluidos los famosos ejercicios de Kejel— permiten recuperar la fisiología normal casi al 100%.

2. Tampoco hay varios tamaños de vagina

El tamaño medio se encuentra entre 6 y 8 centímetros, aunque durante la estimulación sexual puede llegar a alcanzar entre los 10 y 12 centímetros. Por ello, si las relaciones sexuales son dolorosas (dispareunia) nunca debe achacarse a un tamaño pequeño o a una vagina ‘corta’, sino a otras posibles causas que han de consultarse con un especialista.

3. No son necesarias las duchas vaginales

Una colonia desorbitada de gérmenes puede dañar nuestra flora, no obstante, la vagina tiene un sistema de ‘autolimpieza’ para mantener a raya a las bacterias y los microbios ‘malos’, al mismo tiempo que permite que prosperen los ‘buenos’.

“Tiene sus propios mecanismos defensivos que consisten en su colonización por unas bacterias denominadas lactobacilos. Estos microorganismos metabolizan el glucógeno segregado por el epitelio vaginal transformándolo en ácido láctico, lo que hace que el pH vaginal sea ácido, dificultando o impidiendo el crecimiento de gérmenes patógenos”, advierte el ginecólogo.

El uso de productos de higiene íntima -vía intravaginal- puede alterar esta microbiota fisiológica, modificando el pH y favoreciendo las infecciones vaginales. Por ello, olvídate de las ‘duchas vaginales’ y usa jabones suaves solo en el área vulvar -específicos para la zona íntima o no-. Después asegúrate de aclarar muy bien la zona y mantenerla lo más seca posible.

4. El himen determina la virginidad

Además de que el concepto de ‘virginidad’ en sí ya está muy anticuado, el hecho de que se tenga que ‘romper’ para ‘dejar de serlo’ no tiene sentido ni mucho que ver. Por desgracia, en muchas culturas o países aún se siguen haciendo pruebas denigrantes a la mujeres para comprobar si ‘siguen intactas’, aunque su función real es muy diferente.

El himen es una membrana epitelial que cubre el orificio de entrada a la vagina (introito vaginal) y protege en cierta medida a las niñas de infecciones vaginales causadas por la proximidad del ano. A partir de la adolescencia, cuando se crea la ‘microbiota’, pierde su papel protector. Además, hay muchas formas de himen. Algunas mujeres no tienen o lo tienen tan elástico que les permite tener relaciones sexuales sin romperse. Por lo tanto, la ausencia de himen no se puede considerar un sinónimo de pérdida de la virginidad.

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