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No puedo tener un orgasmo, ¿qué hago?

Publicado el 22 de abril de 2020 en Cuidado íntimo diario

Saba® te informa.

La mayoría de las personas asocian el orgasmo a una sensación física asociada a la penetración y muchos se frustran cuando no logran llegar a él tras el acto sexual, a esta imposibilidad o deficiencia del orgasmo durante el acto sexual se le conoce como anorgasmia, ¡te contamos más al respecto! 

El hecho de que una persona (hombre o mujer) no llegue al orgasmo puede deberse a múltiples situaciones y detectarlas a tiempo es clave para poder tratarlas, algunas de ellas pueden ser: 

  1. Tener poca o nula práctica masturbatoria.
     
  2. Dificultad para dejarse llevar y soltarse, sobre todo ante la pareja.
     
  3. Exceso de atención dirigida al placer de la pareja y menos al propio y falta de asertividad sexual.
     
  4. Información inadecuada, actitudes negativas o exigencias.

Es importante saber que la única repercusión negativa de no poder llegar al orgasmo es “sólo la falta de su disfrute”.

¿Qué provoca un orgasmo?

La respuesta orgásmica se produce por una serie de estímulos que pueden ser de zonas genitales o no genitales, u otros como visuales, auditivos, olorosos o mentales. 

Es importante tener en cuenta que los estímulos en la mujer suelen ser más diversos que en el hombre, en los que la zona genital es su mayor centro estimulador, seguido por la vista.

Ponerlo en práctica

La estimulación de las zonas erógenas producirá con más facilidad la liberación de esos neuromediadores que necesitan liberarse para excitar la parte cerebral que produce un orgasmo, por este motivo es fundamental que cada uno descubra estas zonas y explore la mejor manera de activarlas. Debemos tener en cuenta que no necesariamente son zonas genitales y que pueden ser otras zonas del cuerpo como las orejas, los pies, etc.

También es clave la activación de pensamientos, imágenes, olores o sonidos que pueden ser por sí mismos los activadores del orgasmo o servir de complemento o amplificador de los estímulos de las zonas erógenas.

Otro consejo es no obsesionarse, si buscas directamente el orgasmo rara vez lo conseguirás.

¿Qué tratamientos existen?

El tratamiento debe centrarse en trabajar por una parte el ámbito psicológico, para potenciar la erotofilia, aprendiendo a tener actitudes positivas ante la propia sexualidad, individual o compartida y, por otra parte, reconocer esos puntos erógenos, en especial los genitales, por ser los más sencillos de estimular.

Explorar el clítoris en la mujer o el glande en el hombre es básico para aprender cómo autoestimularse tanto de forma manual como con los denominados juguetes sexuales.

Para la parte psicológica, se recomienda el uso de lecturas de índole pedagógica y eróticas. Los ejercicios de fortalecimiento de suelo pélvico, conocidos como ejercicios de Kegel, también pueden ser útiles.

Toda actividad que nos permita controlar, reconocer y modificar nuestras sensaciones en cualquier parte del cuerpo nos puede ayudar a mejorar nuestra percepción de las sensaciones y posteriormente modular nuestra respuesta orgásmica. 

Zona V